viernes, 4 de marzo de 2016

LA FERIA DEL MUNDO.

Dimes y diretes (X): Hacer política (con mayúsculas)                       

Decía Jardiel Poncela, en broma naturalmente, que “el que no se atreve a ser inteligente, se hace político”. Pero no discutiremos aquí la capacidad mental de los políticos; solo algunas de sus nuevas y extrañas ocupaciones. Si se preguntan en qué se ocupan los políticos de ahora, les diré que, del rey abajo hasta el penúltimo consejero o concejal, proclaman como una especie de mandato categórico que hay que dedicarse a “hacer política” –pulítica, si lo dice el Sr. Durán Lleida-, lo que nos lleva a sospechar que quizá hasta ahora no era esa su ocupación, aunque cobraran por ello.
   Pero más preocupante es la afirmación pomposa y solemne, puesta en boca de todos, de que hay que “hacer política con mayúsculas”. Los ciudadanos alegres y confiados, identifican este afán con hacer algo grandioso, pero como si se tratara de la tarea artesana de quien hace cestos: imaginan a nuestros próceres y procercillos con monos de trabajo, grandes mandiles y cascos de obra, encerrados en inmensos talleres, entre mil ruidos, trepidaciones, humos, tráfagos y trajines, enfrascados en la afanosa tarea de hacer política con mayúsculas: montando promesas, ensayando discursos, cortando y pegando declaraciones, atornillando leyes y decretos, poniendo primeras piedras y cortando cintas, en un laboreo sin fin.
   Lo que pasa es que de esas enormes y costosas fábricas no vemos salir una “política creíble y efectiva” ni “con mayúsculas”, sino aeropuertos fantasmagóricos, urbanizaciones esqueléticas, carreteras orientadas a un bancal, monumentos faraónicos, televisiones autonómicas inanes e insostenibles; y luego rebajas y recortes. En definitiva, chapuzas, embelecos y trampantojos, obras de fachada y ornamento mayúsculos que enmascaran la falta de honradez, el desprecio y la malversación de los bienes públicos, el despilfarro o la apropiación indebida, el enriquecimiento impune a costa de los que no hacen política ni viven de ella, pero asisten asombrados a la gran pantomima, a la gigantesca mentira de este “hacer política con mayúsculas”, que viene confirmar la idea perversa de Vargas Llosa de que “la política saca a flote lo peor del ser humano”.
   Lo demás son dimes y diretes, el digo y el diego del que dice que se dedica a hacer política con mayúsculas, pero que no hace nada de provecho, a menos que sea en su propio beneficio.