viernes, 6 de mayo de 2016

LA FERIA DEL MUNDO.

Dimes y diretes (XVII): Tapar agujeros                                                 

Sepan cuantos este escrito vieren que, pese a opiniones en contrario, sigue habiendo clases, según una vieja imagen que nos presenta a unos arriba y a otros abajo. Mientras los de arriba, sean políticos, empresarios, aristócratas o ricos de nacencia se dedican a artes nobles como atar los perros con longaniza, vender humo, poner negro sobre blanco o hacérselo mirar, para los de baja y servil condición quedan los oficios penosos y mal retribuidos.
   Pero sobre todo en estos tiempos de crisis, reformas laborales, eres y despidos a granel, ajustes y recortes, trabajos basura, pobreza energética y de la otra, la aspiración de los parias de la tierra no se cifra en vivir en palacios, amasar fortunas, hacerse de autos deslumbrantes o ser agraciados en el amor para alcanzar el nivel de los ricos, sino en tapar agujeros.
   Sin embargo, es en vísperas de la Navidad –y sobre todo el día 22 de diciembre por la mañana- cuando menestrales, tenderos de ultramarinos, barrenderos, trabajadores de medio pelo, abuelos, emprendedores y maestros de escuela sueñan con que un sustancioso premio les traerá una nueva ocupación que les hará felices: tapar agujeros. Y los pocos afortunados lo confiesan a su familia, lo gritan en la calle, lo vomitan en declaraciones a radios y televisiones locales y nacionales y hacen correr ríos de cava que mojan y churretean rostros y ropajes de amigos, conocidos y curiosos, que se emboban y babean ante tamaño proyecto de futuro.
   Finalmente, los agraciados con el premio y el consiguiente nuevo oficio, alborozados, se van a casa y allí nos los imaginamos, provistos de toda clase de herramientas y materiales, tapando y destapando agujeros, en un perpetuo tejer y destejer, como el de los personajes del Lazarillo de Tormes alrededor del arca que los malalimentaba.
   En definitiva, los vemos convertidos en prometeos encadenados a un designio eterno que, como si fueran las increíbles hazañas del héroe mitológico, todo el mundo admira y desea, mientras los de arriba disfrutan viendo cómo todos andan entretenidos, unos tapando agujeros y los otros soñando que podrán hacerlo también el año que viene, en una eterna rueda de ilusiones que los mantiene felices mientras se empobrecen adquiriendo décimos o plazos del futuro e improbable oficio.