jueves, 2 de junio de 2016

LA FERIA DEL MUNDO.

Dimes y diretes (XXI): Postureo                                                                       

Vean la imagen congelada del personaje en una pose que lo acerca al escorzo de las estatuas estereotipadas del helenismo. Acaba de disparar a gol y se queda inmóvil en una postura inestable e inverosímil: los brazos extendidos en cruz con las palmas de las manos hacia abajo, el cuerpo un tanto girado balanceándose levemente y una pierna cruzada sobre la otra, como si fuera a iniciar un imposible paso de baile, a la espera del éxito de su acción y, sobre todo, de la admiración de los espectadores. Los habladores comunes calificábamos la pose y a su poseedor de posturitas, por el afán de llamar la atención aunque fuera con figuras amaneradas y ridículas, tratárase del jugador famoso o de nuestro compañero de pachanga futbolera.
   Habrán de pasar muchos años para que esta capacidad de adoptar poses poco naturales, previamente estudiadas para dar una visión forzada y llamativa, viniera a llamarse postureo. Y ahí tenemos ya a muchos practicando el postureo en las redes sociales, retratándose en actitudes impostadas, presentando una imagen que no se corresponde con su realidad, exhibiéndose en actividades cuyo fin se agota en llamar la atención. Así que el vivir de cara a la galería, el gusto por aparentar y, en definitiva, el hacer el fantasma, que así se le llamó a esto toda la vida, ahora es posturear; y su efecto llámase postureo.
   Para redondear la imagen de esta vieja pero renovada pose del postureo, solo faltaba la incorporación del vocablo a la retórica política, con la intención consabida de utilizarlo como arma arrojadiza: el fantasma, el exhibicionista, el falsario que adopta posturas fingidas y engañosas es el otro. Todo mandamás que se precie criticará el postureo del de enfrente: sus declaraciones engañosas, sus actitudes hipócritas, su juego de farol que esconde propósitos inconfesables, sus afanes de distraer y confundir al pueblo confiado. Y si estamos en periodo electoral o en fase de negociaciones y pactos, el postureo será moneda de cambio común con que echar en cara al otro sus pamemas y engaños, no muy distintos de los propios.
Y mientras, muchos de nosotros, enredados por el busilis de jerga tan incomprensible, encantados de oír el sonsonete del neologismo tan bien puesto.