miércoles, 6 de julio de 2016

LA FERIA DEL MUNDO.
Dimes y diretes (XXIII): Pena de telediario                                                    

Los débiles y los mansos, los cortos y encogidos, nunca alcanzaremos el éxito ni la notoriedad, ni para bien ni para mal. Aunque digan que hay igualdad de oportunidades, nunca llegaremos a ser empresarios de postín, presidentes de Cajas de ahorros, consejeros de grandes corporaciones, mandamases de la clase política ni estrellas de la prensa del corazón. Pero como no hay mal que por bien no venga, tampoco es probable que no deslicemos por la pendiente de la estafa, la prevaricación, el cohecho, la malversación u otras formas de corrupción que ahora tanto se llevan. De ahí que sea harto difícil que formemos parte de  las gruesas listas de  interrogados, investigados o imputados por la justicia, o como ahora quieran ellos llamarse. Ni muchos menos que recaigan sobre nosotros penas de reclusión mayor ni menor, inhabilitaciones y otras condenas ahora tan de moda. Y en todo caso, nuestros avatares no serán materia de grandes alardes informativos.
   Pero, pese a que a alguien le parezca una perversión, lo que más nos duele es que nunca podremos sufrir la mediática pena de telediario, como las infantas, blesas, ratos, crespos, pantojas y demás fauna del poder y de la fama. Y no entendemos de qué se quejan ellos, si es casi seguro que con este minuto de castigo, que los retrata saliendo esposados de su casa, empujados dentro de un coche policial o haciendo el paseíllo ante la sede judicial o la cárcel, a casi todos les será suficiente para redimir sus conductas abominables.
   Por eso, aunque no podamos estar en su lugar, como espectadores nos consuela que en un breve instante quedemos enterados de la catadura de tales personajes, sin necesidad de que pasen años y se escriban miles de folios sobre sus casos y sus causas. Porque les diré que esta instantánea televisiva es de más impacto que la visión de las largas películas y series que podrían rodarse sobre sus hazañas, juicios  e improbable vida carcelaria, como ocurrió con el Lute, los gánsteres de Chicago y los lobos de Wall Street.
   Y en cuanto a la justicia de tal pena televisiva, bueno es saber que menos es nada. Por eso, el que no se consuela es porque no puede.