sábado, 24 de diciembre de 2016

LA FERIA DEL MUNDO.
Reforma de los dichos (V): Brazo de gitano                                      

Por darles alguna noticia de mi humilde persona, les diré que una de mis muchas desocupaciones y vagancias consiste en vivaquear en los supermercados, donde zascandileo buena parte del día entretenido en descubrir los inacabables misterios y sorpresas del pulcro y geométrico laberinto de sus estantes, epítome del gozoso universo del consumo: secciones que de la noche a la mañana emigran enteras a los antípodas de donde estaban, productos de renombre que son devorados por la imparable marabunta de las marcas blancas, novedades en el ramo de la charcutería o de los encurtidos, y otros mil hallazgos de feliz recordación.
   Pero ninguna aventura tan sorprendente como la del suceso que me acaeció hace un tiempo en los expositores refrigerados de confitería del Mercadona. Ojeando las tartas, bizcochos, piononos y otras galguerías industriales que allí se exhiben, me saltó a la vista una situación increíble: en el fondo del expositor yacían los despojos de lo que fueron brazos de gitano, cruelmente amputados de su complemento nominal.
   Y entonces me puse a imaginar el llanto desconsolado del monje berciano de la Edad Media que, en su azarosa peregrinación por el mundo, descubrió y adoptó el que llamó brazo egipciano, luego bautizado por otros como brazo de gitano; y me pregunto yo qué pensarán ahora los de esta raza ante la expropiación nominal del moreno y entreverado rollo. Y rumío muy entre mí que daría un brazo, una pierna o cualquier otro miembro de mi corporal anatomía para que la propiedad de tan sabroso manjar fuera conocida con mi nombre, el de mi gente o el de mi país, como nos ocurre con la tortilla española. Y sueño cómo disfrutaría viendo los carteles, rótulos y etiquetas con el dicho nombre que me harían famoso en confiterías, supermercados y en casas particulares.
   Así que, por todo esto y más, habría que restituir al brazo el nombre de que hasta ahora había sido su dueño, siempre que no se considere un atentado contra los principios de la igualdad, el respeto a las minorías y la ley de transparencia. Porque esto no puede quedar así; y llamarlo brazo de payo podría considerarse  abuso de posición dominante y apropiación indebida. Que hay gente para todo.