sábado, 21 de enero de 2017

LA FERIA DEL MUNDO.
Reforma de los dichos (VII): Más malo que el arsénico (molío)     

Si no tienen ahora nada que hacer, miren y vean al nene -el angelico de la casa estruciante y manifacero, que todo lo toca y lo trastea- cómo mete el dedo en los enchufes, revuelve la despensa derramando o mezclando azúcares, especias y legumbres, maltrata los rabos de perros y gatos, tira del pelo y araña a hermanos y amigos y no atiende a los dictados y sermones de sus mayores. Oigamos entonces al abuelo o a la abuela dictaminar, con la baba caída, que la criaturica  es más mala que el arsénico, no con afán de reprimirlo sino de celebrar sus estrucias y hazañas. Aunque ellos preferirían decir que es más malo que los mixtos clujieros, porque este símil tiene un tono más bien juguetón y festivo.
   Se trata de un dictamen que coincide formalmente con el de la madre, aunque el de esta no será tan cariñoso ni celebrativo, pues añadirá la especificación, para ponderar la maldad del infante,  de que el fatal veneno es molido, acompañando quizá el dicho con el hecho de un sonoro esclate o clujío.
   Pero, a pesar de lo visto y oído, digamos de oficio que no nos parece de recibo aplicar a la tierna infancia símiles como el del arsénico, mortal de necesidad y, además, con el agravante de ser molido, expresión que merecería la condena más rotunda por desconsideración y malos tratos a la infancia.
   Sin embargo, receta tan expeditiva podría ser de gran ayuda para describir caracteres y comportamientos más acordes con la malignidad del metaloide mortal. Desde ahora podríamos decir que es más malo que el arsénico, e incluso que el arsénico molido, ese representante político que representa sólo sus interés, que prevarica y malversa nuestros dineros como Pedro por su casa en gúrteles, púnicas y eres, que desvalija cajas de ahorros, que despilfarra en obras faraónicas, y que, encima, dice que nos gobierna con altura de miras y con total voluntad de servicio. Aunque de este, inmunizado contra los dimes y diretes de sus gobernados, huelga lo que digamos, que no hay arsénico ni mixtos clujieros  que estén, ni de lejos, a la altura de sus maldades. Así que de muy poco nos servirán tan rotundos dicterios.