viernes, 3 de marzo de 2017

LA FERIA DEL MUNDO.
Reforma de los dichos (X): Más gandul que un trillo                        

He de decir que los amigos de la desocupación, que somos muchos, nunca tuvimos muy buena imagen. De mil maneras se buscó desacreditar nuestra entrega a tareas incompatibles con la vida trabajada que otros llevan, nuestra afición a no hacer nada: pasear calles, visitar bares y tabernas, entablar conversación con unos y con otros, estar despatarrados en el sofá, ver la tele y manejar con mimo y destreza las teclas del whatsapp son algunas de las ocupaciones que nos merecieron calificativos tan injustos como este gandul, de mucha tradición, junto a una lista interminable de improperios donde nuestros enemigos probados pueden elegir, desde los relativamente suaves como ocioso, apático, perezoso, indolente o desidioso, hasta los más crueles, como holgazán, haragán, vago, maula, zángano e inútil.
   No contentos con esto, los que no cejan en su enemiga contra nuestra feliz ociosidad, inventaron imágenes y comparaciones que resaltaran nuestra incompatiblidad con el trabajo, como llamarnos gandules de siete suelas o decir de nosotros que lo somos más que el suelo o que la chaqueta de un guardia; que a ver lo que tienen en común estos objetos con nosotros.
   Pero lo que los miembros de la cofradía de los vacantes no podemos tolerar es que se diga de nosotros que somos más gandules que un trillo, porque este símil tan arcaico y tan pasado de moda, como todas las faenas de la era, no es acorde con los aires de renovación y modernidad que todo el mundo sabe que nos caracterizan, dejando aparte que este exabrupto no sería entendido ni siquiera por aquellos que piensan y quieren decir mal de nosotros, y mucho menos por los que los escuchan.
   Vean la diferencia entre la imagen aldeana y terruñera del maldito trillo y muchos otros términos de comparación que nos darían un aire renovado y actual -como esquíes, monopatines, tablas de snowboard, de longboard o de windsurf-, sin desmerecer en nada nuestra dedicación más que probada al dolce far niente. Por poner un ejemplo, dirían que Quinito es más gandul que un monopatín, una tabla de surf o un kayakboard. Y nuestros críticos, también renovados y rejuvenecidos, entenderían a las mil maravillas cómo somos y lo poco que hacemos.