jueves, 13 de julio de 2017

LA FERIA DEL MUNDO.
Manual de urbanidad (I): Yo (y los otros)                                            

Si usted considera que la persona debe ser sujeto de derechos pero también de deberes,  si usted cumple de buen grado las obligaciones y normas, si usted respeta a los demás sin esfuerzo, sepa que está en grave riesgo de exclusión social. Y más, si usted sigue anclado en costumbres ancestrales como saludar, no hablar a gritos, respetar las opiniones de los demás, no saltarse colas y escalafones, atender a las indicaciones de funcionarios y empleados de servicios y, sobre todo, reconocer sus errores y dar la razón a los demás, no le quepa duda de que usted es un individuo desorientado y enfermo, un bicho raro equiparable al más estrafalario de los personajes de Kafka.
Así que conviene que se someta a una reforma universal de sus costumbres que le ponga al día del manual de urbanidad de los nuevos tiempos. Tome como modelo a Caín y nunca a Abel, piense que todas las bondades y buenas razones están siempre de su parte y nunca en los demás, dirija usted sus dicterios y atropellos contra esto y aquello, contra unos y otros, e incluso contra la totalidad del género humano, y mátese con quien diga o haga lo contrario.
Si es usted padre, defienda las bondades deportivas de sus vástagos, insultando, apedreando y agrediendo a los árbitros, a los competidores e incluso a sus señoras madres,  y desacredite, denuncie y, si es menester, abofetee a los maestros que tuerzan su tierna voluntad; eche la culpa de sus accidentes de tráfico al firme de la carretera o a la máquina del tren; desautorice, apostrofe y agreda de palabra y de obra al funcionario de la ventanilla, al médico del ambulatorio, al mozo de estación, al conductor del autobús y a todo aquel que en la calle o a cubierto no siga sus dictados o le recrimine su comportamiento; y cuelgue siempre tan saludables ejemplos en las redes sociales. Y así nadie le reprochará nada y será usted bien considerado como modelo de inconformista, indignado y reformador de usos y costumbres. Ah, y en toda ocasión brame contra el gobierno causador de todos los recortes y males del mundo, que eso no cuesta dinero y siempre queda bien.