sábado, 30 de diciembre de 2017

LA FERIA DEL MUNDO.
Manual de urbanidad (V): El español sentado                                   

Lope de Vega, el Fénix de los ingenios, se hacía eco de “la cólera del español sentado” si en las comedias no le representaban el mundo desde el Génesis hasta el Juicio Final; y Julio Camba conjeturaba que en España “la toma de la Bastilla se hubiera producido desde la comodidad de una cafetería”. Ese español perezoso de Larra que se pasaba las horas “haciendo el quinto pie de la mesa de un café hablando o roncando” o “clavado en un sitial” de la tertulia diaria.
Pero este español, airado o paciente, había mamado de las tetas de su madre la antigua y trasnochada costumbre de levantarse de su silla para saludar a la señora más o menos conocida o responder a una pregunta y, en todo caso, al entablar una conversación con quien lo abordaba de pie, porque había un acuerdo tácito de hablar de igual a igual a los iguales; y en el caso del ciudadano común –fuera subordinado, alumno o feligrés-, el protocolo mandaba presentarse o atender a los requerimientos del superior o de la autoridad a pie firme, mientras que estos podían permanecer sentados; y levantarse a la entrada del profesor, del magistrado, del sacerdote o de cualquier autoridad. Y era de rancio buen gusto ceder el asiento a señoras, mayores e impedidos.
Vanas costumbres de antaño que hoy no son, ni tienen razón de ser. Por eso, vemos al hombre bien talludo despatarrado en el restaurante o en una sala de espera sin levantarse ni responder a quien le saluda, pero sí requiriendo a voces la atención de los demás. Y los zagalones y buenos mozos presumen de estar en cuclillas o tirados por el suelo de pasillos y aulas de colegios y universidades, y de esta guisa atender a los saludos de compañeros y profesores, o solicitar a gritos la atención de unos y de otros.
Que ya es hora de liberarse de sumisiones y vasallajes: nosotros permaneceremos sentados en todo lugar y ocasión para dejar bien sentada la igualdad y la dignidad de los ciudadanos y de los pueblos de España. Así que, si quieren, que se levanten ellos, como más o menos dijo Unamuno.