domingo, 7 de enero de 2018

LA FERIA DEL MUNDO.
Manual de urbanidad (VI): Protocolo digital                                       

No ha mucho algunos tenían un artefacto telefónico fijo que les permitía comunicarse con un círculo limitado de personas, con llamadas siempre tasadas, en ocasiones señaladas o de extrema necesidad. Y los varones discretísimos y las damas honestas no daban su número a cualquiera, e incluso recelaban de que apareciera en la guía. Item más, profesionales y personas relevantes esperaban ansiosos las vacaciones, el viaje o el fin de semana en el campo para estar ilocalizables, lejos de llamadas inoportunas.
Cosas todas de antiguos y trasnochados. Porque ahora la buena educación exige estar en las redes sociales para comunicarnos con conocidos y desconocidos, quieran ellos o no, publicar nuestras memorias en capítulos de 140 caracteres, enviar crónica fidedigna de sucesos extraordinarios y miserias cotidianas, dar cuenta de nuestras hazañas en el mar, la mesa, la cama o el vater, o difundir nuestra última radiografía de tórax o la imagen de la dentición del niño.  Y, además, dar inacabable testimonio de paellas, caídas, carreras de sacos, concursos de silbidos y otros mil chistes y lindezas capturados en la red, que intercambiamos y celebramos como grandísimos acontecimientos culturales.
Así que no será usted moderno si no se amamanta continuamente en las redes. En el tren, en la comida familiar, en la tertulia, en el cine, e incluso en misa, lleve siempre a mano el móvil y utilícelo de forma continua e inmisericorde, sea hablando a voces o tecleando sin pausa, y nunca se comunique de viva voz con los presentes sino a través de mensajes y de imágenes grabadas, de manera que incluso las bondades del menú, la elegancia de la señora o las gracias de nene sean celebrados, no al natural, sino mediante el intercambio de imágenes. Así que comidas, celebraciones, tertulias y encuentros se convertirán en realidades virtuales en que la presencia será mero pretexto para la relación telemática. Y en estos tratos, será tan activo el que da como el que toma, porque conviene celebrar con adjetivos grandilocuentes y monigotes apropiados las naderías que nos manden. Y quien no esté en esta moda virtual será tomado por anticuado y descortés; que en esto de la urbanidad digital, el que no corre vuela, y el que se descuida se queda atrás.